Nadie quiere morir

Ha muerto uno de esos imprescindibles.

De esos que han hecho del mundo un mejor lugar. 

 

Nadie quiere morir.

Ni siquiera la gente que quiere ir al cielo quiere morir para llegar allí. 

Y sin embargo la muerte es el destino que todos compartimos. Nadie ha escapado de ella. 

Y así tiene que ser, porque la Muerte es posiblemente el mejor invento de la Vida. 

Es el agente de cambio de la Vida. Retira lo viejo para hacer sitio a lo nuevo.

 

En ocasiones la vida te golpea con un ladrillo en la cabeza. No pierdan la fe. 

Estoy convencido que lo único que me permitió seguir fue que yo amaba lo que hacía. 

Tienen que encontrar eso que aman. 

Y eso es tan válido para su trabajo como para sus amores. 

Su trabajo va a llenar gran parte de sus vidas y la única manera de sentirse 

realmente satisfecho es hacer aquello que creen es un gran trabajo. 

Y la única forma de hacer un gran trabajo es amando lo que hacen. 

Si todavía no lo han encontrado, sigan buscando. No se detengan. 

Al igual que con los asuntos del corazón, sabrán cuando lo encuentren. 

Y al igual que cualquier relación importante, mejora con el paso de los años. 

Así que sigan buscando hasta que lo encuentren. No se detengan.

 

  One more thing: 

Gracias, gracias Steve. 

Historias circulares

Ella se llevó las llaves de mi auto. El duplicado está en mi casa. Las llaves de mi casa en el auto. Paradoja infinita.

Me verás volver, y escribir, y cantar

Me verás caer
Sobre terrazas desiertas
Te desnudaré
Por las calles azules
Me refugiaré
Antes que todos despierten

Me dejarás dormir al amanecer
Entre tus piernas
Sabras ocultarme bien y desaparecer
Entre la niebla

Un hombre alado extraña la tierra.

Me verás volar
Por la ciudad de la furia
Donde nadie sabe de mi
Y yo soy parte de todos

Con la luz del sol
Se derriten mis alas
Solo encuentro en la oscuridad
Lo que me une con la ciudad de la furia

 

A pedazos, la memoria es frágil, y dan ganas de escribir de un tirón tanta cosa, tantas gracias a Cerati. A todo Cerati, a toda la ciudad de la furia, a todos lo de aquí, de allá, de antes y de ahora, que piensan en vos a los lejos.

 

Fuerza Cerati.

Antes de almuerzo

Para Bai, marzo, 2006


Y déjame preguntarte otra cosa, ¿no hay cómo volver el tiempo atrás? A veces me gustaría saber qué hacer, y poder responder las preguntas de toda esta gente que me interroga por ti y por los hechos. Qué hechos, les digo, los hechos ahí están. No hay vuelta atrás, y no me importa, y si algo así pasara, todo volvería a ser lo mismo. Tú, inventando, toda excusa, todo pretexto, todo él. Y yo, nada, volvería a hacer lo mismo, a ser lo mismo, a bailar con la máscara que quieres que me ponga, a esperar, siempre a esperarte, a tratar de entender este martillo que no es mío, y que tanto insistes en que sí, que es mío, que me lo regalaste hace tiempo, no sé, te digo que no es mío, de quién es este martillo que ahora todos buscan, este martillo que no entiendo qué hace ahí sobre la mesa, envuelto en una bolsa, si hace poco estaba sobre la mesa, y tú debajo.
Déjame decirte algo más, no te creo. No puedo creer que dejaste de verlo. Porque siempre le tuviste ganas. Las ganas que eran mías, y que dejé de ver cuando comencé a sentirme parte del paisaje. Las ganas que ahora extraño. Y claro, las ganas de dormir, estoy cansado. Todo el mundo me pregunta, y yo no tengo idea. Pregúntenle a él, creo que dije, y luego nada, la patrulla, los golpes, el silencio.

Porqué estás tan callada, hace rato que no hablas. Tengo hambre. Hay alguien en la puerta. Eres tú, que volviste de las compras y me traes un martillo.

 

Carta

Estimada señora,
Lo primero, deberá usted disculpar la letra, y sobretodo, el papel. No están los tiempos para gastos. Lejanos están esos días en que la vida me sonreía. Justo cuando usted apareció. Yo terminaba de almorzar, los amigos palmoteaban mi espalda, otros me saludaban desde sus mesas. Y apenas la ví, quedé prendado, desde ese día y para siempre.
Y te lo dije, ¿recuerdas?

Caminé hasta tu mesa, tomé tu mano y te lo dije: El mundo está a sus pies mademoiselle. Y apenas te sonreiste. Y como a porfiado y testarudo no me la gana nadie seguí insistiendo, y logré llegar hasta tu mesa, tu casa, tus brazos, tus brazos donde me dormí. Tarde escuché los consejos, las palabras. Tarde entiendo los rumores. Y ahora, que la rabia me vuelve, quiero decirle a usted señora que no me arrepiento de nada. No hay reproches, no hay resentimientos. Aunque de verdad, tampoco hay olvido. Te echo de menos, las noches son eternas. No hay mucho que hacer aquí. No hay nada que hacer desde aquel día. Mal día. No debería haber llegado. Aunque la verdad, ahora puedo decírtelo, llegué temprano muchos días, y esperaba que él se fuera para contar 20 minutos y entrar. Luego fueron 19, 18, 17 y así, pensé que ibas a darte cuenta, pensé que se lo dirías, pensé que te cuidarías, que te cuidarías de mí.

El día antes dejé pasar un minuto exacto y entré. Y me miraste igual que todos los días, como parte del decorado. No es bueno sentirse como planta o papel mural. Esa tarde te dije, mañana trataré de llegar antes por si podemos conversar y tratar de arreglar todo. No tengo nada que arreglar, me dijiste. Tú sabes lo que quiero. Esa misma noche ordené todos los papeles, el testamento, las escrituras. Me fui temprano, volví temprano. No salió todo como quería, y aquí me tienes.

Sé que donde estás ahora no te dejan leer, ni siquiera te deben entregar mis cartas, sospecho que tampoco salen de aquí, pero, porfiado, te seguiré escribiendo. Me quedé lleno de cosas que no te dije, y como sabes, prendado de tí, desde aquel día y para siempre.

Tuyo,

PD.: Hoy se cumplen 20 años.

 

Esa noche

Estaba sola, pensando en tí, como hago a veces. Tranquila. Mirando el techo. La lámpara triste, llena de lágrimas. En silencio. Decidiendo si me paraba de la cama, tibia, sola, mía, y antes tuya. Pensaba en la nula conveniencia de pisar el suelo helado y caminar por las baldosas blanca roja blanca roja del pasillo blanca doblar y estirar la mano hasta el interrruptor prender la luz y buscar algo de pan que sabía que había en alguna parte pero mejor lo dejaba para el desayuno con un té y mejor vuelvo a la cama de donde nunca me moví, cuando puse atención a los ruidos de la calle. Todos los perros del mundo estaban ladrando aullando llorando gritando. Congelada, no me moví ni cuando todo comenzó a moverse en serio. Un rumor sordo y subterráneo que creció rápido, un ruido ensordecedor de cosas sin control cayendo, colgando, trizando, rompiendo quebrando gritando ladrando asustando inmovilizada a mi cama mi cama oscura y sola que era tuya, oscura y sola que se llena de vidrios que no sé por qué son rojos raro están rojos y me duelen y también los ojos que tratan de ver algo, es raro, hay estrellas en el techo y no lámpara y no sé donde estarás ahora que todo se mueve y rompe y deja de doler.

 

Cuatro Laberintos

I
La primera vez que vió al Minotauro, fue al doblar en una curva.
El letrero decía "Resbaloso con lluvia"
El Juez no escuchó sus razones.
Y lo suspendió por 30 días.

II
En el laberinto, Teseo estuvo varias veces a punto de encontrar la salida, pero las malas juntas y los peores consejos terminaron por perderlo.

III
Agradecido de haber usado el hilo de su mujer, Teseo encontró la salida casi inmediatamente.
El Minotauro lloró su partida.
Volverás, pensó.

IV
Al reencontrarse Ariadna con su esposo, lo agarró de una oreja y se lo llevó a la casa.
Antes, recogió el hilo.
Nunca se sabe, dijo.

 

Oficios

Sentir el aire frío y contaminado de cada mañana al salir a trabajar. Caminar diez cuadras, todos los días. -Me hace bien, me miento, buenas piernas. Zambullirme en el metro, diez estaciones. Llegar apurada y pintándome, a amarrarme al escritorio. Trabajar con buena cara. Día sin novedades. Saber que falta poco. A las seis salgo. Me voy. De vuelta al Metro, a caminar de nuevo, meterme al local, como todos los días. Bailar, tratar de tomar poco, dormir lo que más pueda. Hoy, imposible, una delegación de japoneses y una despedida de soltero.

 

Manual de instrucciones

Asegúrese de leer este manual hasta el final. Aquí nadie se hace responsable si algo sale mal.

Su corazón, en lo posible, debe estar sano, sin trizaduras. Asegúrese especialmente de su potencial lealtad, sin condiciones.

Llene sus días con la total presencia de una mujer. Mientras más hermosa e inalcanzable, mejor. Preocúpese de ella. Mímela hasta en los más pequeños caprichos. Consiéntala, alimente su ego, nutra su vanidad, cumpla sus fantasías. No se le vaya a ocurrir contradecirla, o deberá comenzar todo desde el principio.

Una noche, cualquiera, idealmente de luna, deberá declararle su amor, su devoción, su entrega. Ella, seguramente, hará oídos sordos, se dejará querer, sin comprometerse demasiado. Remítase a abrazarla con pasión y besarla dulcemente. Parece extraño, es cierto, pero acostúmbrese a estas mezclas.

Escríbale, ocúpese, investigue sus gustos, adelántese a sus deseos. Improvise, combine otras técnicas, en esto no hay recetas infalibles.

Todo esto, sin duda, le traerá daños colaterales, los efectos a veces son devastadores. Pero, con fuerza y dedicación, deberá usted seguir adelante.

En un breve período de tiempo, que varía en cada caso, tendrá usted el corazón roto. Se lo garantizamos.

Advertencia final.-

En algunos casos, contados con los dedos de una mano, se enamorarán perdidamente de usted.

Esto significa que ella lee este Manual.

Deberá usted entonces remitirse a cambiar de personaje, dejarse querer, ignorar sus súplicas y finalmente desconocerla.

Hasta la próxima vez que todo comience nuevamente.

 

Todas reinas

Cuando el flaco silbó supe al tiro que habían líos. Fue el silbido largo, ese guardado para los problemas grandes. O eran los pacos o eran los tiras.

Pero fue peor. Era mi vieja.

Fue la primera vez que me pilló. Llegó por detrás. Estábamos cerca de la cancha grande. El viejo era grande y feo. Ya lo tenía listo, con la mano en el marrueco, y él, dale con bajarme los calzones.

Yo, casi alcancé a arrancar, pero el viejo quedó ahí mismo, con la cabeza rota, y la sangre oscura que se secó hasta que llegaron a buscarlo en la mañana.

Le prometí a mi mamá que nunca más, le dije que el viejo era un asqueroso, que me mataba si no le hacía caso, le prometí que no faltaría más a clases, también le dije que era virgen, pero eso sí que era verdad. La pura verdad.

Igual me pegó. Me tiró como veinte cachetadas. Y no lloré. Terminó llorando ella. Mírame, decía, mírame cabra huevona, no quiero que te pase lo mismo que a mí. Y ahí se quedó, llorando.

Después me arranqué, fuimos con el flaco a ver al viejo. Habían unos perros oliéndole la cabeza. Le sacamos los billetes del bolsillo y nos compramos una caja de vino, aunque yo quería dulces. No le conté nada de las cachetadas y dejé que me lo hiciera para pasar la pena. Ahí sí que lloré, porque me dolíó más que todas las cachetadas juntas. El flaco se reía porque yo no tenía pelos y mis tetitas eran chicas. Se curó y se quedó dormido ahí mismo.

Después me fui para mi casa. Mi mamá roncaba. Le saqué la botella de abajo de la cama, probé un trago y le boté el resto.

Después salí.
Pero me fui, al centro, a vender flores.

 

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