Mis historias y vivencias son urbanas. Y me gusta lo de post urbanos porque lo virtual de la red en la aldea global superó los límites que conocíamos.
A veces diré algo interesante. A veces serán palabras perdidas. Seguramente, en el acto de escribir, la crisis de la pantalla en blanco me ataque muchas veces. Pero ahí voy a estar, rescatando momentos, frágiles como un instante. Acordándome de ella. De mí. De otros.
Y déjame preguntarte otra cosa, ¿no hay cómo volver el tiempo atrás? A veces me gustaría saber qué hacer, y poder responder las preguntas de toda esta gente que me interroga por ti y por los hechos. Qué hechos, les digo, los hechos ahí están. No hay vuelta atrás, y no me importa, y si algo así pasara, todo volvería a ser lo mismo. Tú, inventando, toda excusa, todo pretexto, todo él. Y yo, nada, volvería a hacer lo mismo, a ser lo mismo, a bailar con la máscara que quieres que me ponga, a esperar, siempre a esperarte, a tratar de entender este martillo que no es mío, y que tanto insistes en que sí, que es mío, que me lo regalaste hace tiempo, no sé, te digo que no es mío, de quién es este martillo que ahora todos buscan, este martillo que no entiendo qué hace ahí sobre la mesa, envuelto en una bolsa, si hace poco estaba sobre la mesa, y tú debajo. Déjame decirte algo más, no te creo. No puedo creer que dejaste de verlo. Porque siempre le tuviste ganas. Las ganas que eran mías, y que dejé de ver cuando comencé a sentirme parte del paisaje. Las ganas que ahora extraño. Y claro, las ganas de dormir, estoy cansado. Todo el mundo me pregunta, y yo no tengo idea. Pregúntenle a él, creo que dije, y luego nada, la patrulla, los golpes, el silencio.
Porqué estás tan callada, hace rato que no hablas. Tengo hambre. Hay alguien en la puerta. Eres tú, que volviste de las compras y me traes un martillo.
No tendrías mi respuesta, te lo dije, no hasta que tú me contestaras. Preguntale a él, me dijiste, irónico. Sabías que saldría enfadada, que no te contestaría, no, hasta que tú me respondieras primero, sabías que me iría derechito a su casa y que lo encontraría tirado en el suelo encharcado de sangre, con una brecha en la cabeza y el martillo a su lado. Sabías que me destrozarías.
Nunca has podido soportar que tus ganas de mí acabaran en su cama, ni las preguntas, ni el porqué sin respuesta...
Me has enviado a su casa esta noche con un "pregúntale a él". Y cuando a mi vuelta te he dejado el martillo ensangrentado, con restos de su cabello y su piel, ahí, encima de la mesa, me lo has negado todo, con una sonrisa que te desfigura y me dan ganas de sacar la bilis. Y me dices que no es tuyo, que no recuerdas. Fue el que te regalé con todas aquellas herramientas y el banco de carpintero... Claro que es tuyo. Claro que lo es.
Y con ese martillo has destrozado la respuesta que me enviaste a buscar a su casa...
Ahora voy a abrirle a la policía: los llamé. Vienen a por tí.
cual tiempo?...si el dialogo del personaje parece estar detenido en gritos sin un horario solo muchas dudas antes de un acontesimiento, me gusto mucho, espero me visite
Hola Roberto! Te escribo aquí, porque he intentado en tu otro blog y no salió nunca mi mensaje. Solo pasé a saludarte, esperando que estés más que bien y deseándote pases unas muy FELICES FIESTAS!
despues de pasar por tres conejos de trapo, por un dracula, un par de diamantes (nunca faltan), siete pincoyas y dos buenos amigos llegue aca, en fin una nunca deja de sorprenderse cuando se encuentra con la nariz del sol.
Tengo hambre y no queda nada en el frigo. Ven, tráeme un poco de queso, de fruta o algo que cocines bueno. Yo pongo el vino y, si quieres, un postre rico.
Nunca has podido soportar que tus ganas de mí acabaran en su cama, ni las preguntas, ni el porqué sin respuesta...
Me has enviado a su casa esta noche con un "pregúntale a él". Y cuando a mi vuelta te he dejado el martillo ensangrentado, con restos de su cabello y su piel, ahí, encima de la mesa, me lo has negado todo, con una sonrisa que te desfigura y me dan ganas de sacar la bilis. Y me dices que no es tuyo, que no recuerdas. Fue el que te regalé con todas aquellas herramientas y el banco de carpintero... Claro que es tuyo. Claro que lo es.
Y con ese martillo has destrozado la respuesta que me enviaste a buscar a su casa...
Ahora voy a abrirle a la policía: los llamé. Vienen a por tí.
(Gracias Roberto, me ha gustado mucho tu texto.)