Esa noche

Estaba sola, pensando en tí, como hago a veces. Tranquila. Mirando el techo. La lámpara triste, llena de lágrimas. En silencio. Decidiendo si me paraba de la cama, tibia, sola, mía, y antes tuya. Pensaba en la nula conveniencia de pisar el suelo helado y caminar por las baldosas blanca roja blanca roja del pasillo blanca doblar y estirar la mano hasta el interrruptor prender la luz y buscar algo de pan que sabía que había en alguna parte pero mejor lo dejaba para el desayuno con un té y mejor vuelvo a la cama de donde nunca me moví, cuando puse atención a los ruidos de la calle. Todos los perros del mundo estaban ladrando aullando llorando gritando. Congelada, no me moví ni cuando todo comenzó a moverse en serio. Un rumor sordo y subterráneo que creció rápido, un ruido ensordecedor de cosas sin control cayendo, colgando, trizando, rompiendo quebrando gritando ladrando asustando inmovilizada a mi cama mi cama oscura y sola que era tuya, oscura y sola que se llena de vidrios que no sé por qué son rojos raro están rojos y me duelen y también los ojos que tratan de ver algo, es raro, hay estrellas en el techo y no lámpara y no sé donde estarás ahora que todo se mueve y rompe y deja de doler.

 

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Comentarios

Nunca he vivido un terremoto, ni temblorcillos tampoco.

Salvo los de la pasión.
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Al día siguiente tomé un avión y volé diez mil kilómetros. Y no estabas. Sólo encontré vidrios rotos que crujían bajo mis pies mientras trataba de encontrar un taxi que no me robara lo poco que tú me habías dejado....

Espléndido.
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muy bueno muy romantico
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