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<atom:link href="http://postsurbanos.bligoo.com/rss/node" rel="self" type="application/rss+xml" /><title>Posts Urbanos</title>
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<pubDate>Tue, 06 Nov 2007 14:50:23 -0300</pubDate>
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<title>Antes de almuerzo</title>
<link>http://postsurbanos.bligoo.com/content/view/86595/Antes_de_almuerzo.html</link>
<pubDate>Fri, 02 Nov 2007 04:00:56 -0300</pubDate>
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<dc:creator>Roberto Arancibia</dc:creator>
<description><![CDATA[<div></div><p><span><i>Para Bai, marzo, 2006</i></span><br /><br /><br />Y d&eacute;jame preguntarte otra cosa, &iquest;no hay c&oacute;mo volver el tiempo atr&aacute;s? A veces me gustar&iacute;a saber qu&eacute; hacer, y poder responder las preguntas de toda esta gente que me interroga por ti y por los hechos. Qu&eacute; hechos, les digo, los hechos ah&iacute; est&aacute;n. No hay vuelta atr&aacute;s, y no me importa, y si algo as&iacute; pasara, todo volver&iacute;a a ser lo mismo. T&uacute;, inventando, toda excusa, todo pretexto, todo &eacute;l. Y yo, nada, volver&iacute;a a hacer lo mismo, a ser lo mismo, a bailar con la m&aacute;scara que quieres que me ponga, a esperar, siempre a esperarte, a tratar de entender este martillo que no es m&iacute;o, y que tanto insistes en que s&iacute;, que es m&iacute;o, que me lo regalaste hace tiempo, no s&eacute;, te digo que no es m&iacute;o, de qui&eacute;n es este martillo que ahora todos buscan, este martillo que no entiendo qu&eacute; hace ah&iacute; sobre la mesa, envuelto en una bolsa, si hace poco estaba sobre la mesa, y t&uacute; debajo.<br />D&eacute;jame decirte algo m&aacute;s, no te creo. No puedo creer que dejaste de verlo. Porque siempre le tuviste ganas. Las ganas que eran m&iacute;as, y que dej&eacute; de ver cuando comenc&eacute; a sentirme parte del paisaje. Las ganas que ahora extra&ntilde;o. Y claro, las ganas de dormir, estoy cansado. Todo el mundo me pregunta, y yo no tengo idea. Preg&uacute;ntenle a &eacute;l, creo que dije, y luego nada, la patrulla, los golpes, el silencio.<br /><br />Porqu&eacute; est&aacute;s tan callada, hace rato que no hablas. Tengo hambre. Hay alguien en la puerta. Eres t&uacute;, que volviste de las compras y me traes un martillo.</p><p>&nbsp;</p><div></div>]]></description>
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<title>Carta</title>
<link>http://postsurbanos.bligoo.com/content/view/86596/Carta.html</link>
<pubDate>Fri, 02 Nov 2007 03:59:56 -0300</pubDate>
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<dc:creator>Roberto Arancibia</dc:creator>
<description><![CDATA[<div ></div><p>Estimada se&ntilde;ora,<br />Lo primero, deber&aacute; usted disculpar la letra, y sobretodo, el papel. No est&aacute;n los tiempos para gastos. Lejanos est&aacute;n esos d&iacute;as en que la vida me sonre&iacute;a. Justo cuando usted apareci&oacute;. Yo terminaba de almorzar, los amigos palmoteaban mi espalda, otros me saludaban desde sus mesas. Y apenas la v&iacute;, qued&eacute; prendado, desde ese d&iacute;a y para siempre.<br />Y te lo dije, &iquest;recuerdas?<br /><br />Camin&eacute; hasta tu mesa, tom&eacute; tu mano y te lo dije: El mundo est&aacute; a sus pies mademoiselle. Y apenas te sonreiste. Y como a porfiado y testarudo no me la gana nadie segu&iacute; insistiendo, y logr&eacute; llegar hasta tu mesa, tu casa, tus brazos, tus brazos donde me dorm&iacute;. Tarde escuch&eacute; los consejos, las palabras. Tarde entiendo los rumores. Y ahora, que la rabia me vuelve, quiero decirle a usted se&ntilde;ora que no me arrepiento de nada. No hay reproches, no hay resentimientos. Aunque de verdad, tampoco hay olvido. Te echo de menos, las noches son eternas. No hay mucho que hacer aqu&iacute;. No hay nada que hacer desde aquel d&iacute;a. Mal d&iacute;a. No deber&iacute;a haber llegado. Aunque la verdad, ahora puedo dec&iacute;rtelo, llegu&eacute; temprano muchos d&iacute;as, y esperaba que &eacute;l se fuera para contar 20 minutos y entrar. Luego fueron 19, 18, 17 y as&iacute;, pens&eacute; que ibas a darte cuenta, pens&eacute; que se lo dir&iacute;as, pens&eacute; que te cuidar&iacute;as, que te cuidar&iacute;as de m&iacute;.<br /><br />El d&iacute;a antes dej&eacute; pasar un minuto exacto y entr&eacute;. Y me miraste igual que todos los d&iacute;as, como parte del decorado. No es bueno sentirse como planta o papel mural. Esa tarde te dije, ma&ntilde;ana tratar&eacute; de llegar antes por si podemos conversar y tratar de arreglar todo. No tengo nada que arreglar, me dijiste. T&uacute; sabes lo que quiero. Esa misma noche orden&eacute; todos los papeles, el testamento, las escrituras. Me fui temprano, volv&iacute; temprano. No sali&oacute; todo como quer&iacute;a, y aqu&iacute; me tienes.<br /><br />S&eacute; que donde est&aacute;s ahora no te dejan leer, ni siquiera te deben entregar mis cartas, sospecho que tampoco salen de aqu&iacute;, pero, porfiado, te seguir&eacute; escribiendo. Me qued&eacute; lleno de cosas que no te dije, y como sabes, prendado de t&iacute;, desde aquel d&iacute;a y para siempre.<br /><br />Tuyo,<br /><br />PD.: Hoy se cumplen 20 a&ntilde;os.</p><p>&nbsp;</p><div ></div>]]></description>
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<title>Esa noche</title>
<link>http://postsurbanos.bligoo.com/content/view/86597/Esa_noche.html</link>
<pubDate>Fri, 02 Nov 2007 04:35:42 -0300</pubDate>
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<dc:creator>Roberto Arancibia</dc:creator>
<description><![CDATA[<div ></div><p>Estaba sola, pensando en t&iacute;, como hago a veces. Tranquila. Mirando el techo. La l&aacute;mpara triste, llena de l&aacute;grimas. En silencio. Decidiendo si me paraba de la cama, tibia, sola, m&iacute;a, y antes tuya. Pensaba en la nula conveniencia de pisar el suelo helado y caminar por las baldosas blanca roja blanca roja del pasillo blanca doblar y estirar la mano hasta el interrruptor prender la luz y buscar algo de pan que sab&iacute;a que hab&iacute;a en alguna parte pero mejor lo dejaba para el desayuno con un t&eacute; y mejor vuelvo a la cama de donde nunca me mov&iacute;, cuando puse atenci&oacute;n a los ruidos de la calle. Todos los perros del mundo estaban ladrando aullando llorando gritando. Congelada, no me mov&iacute; ni cuando todo comenz&oacute; a moverse en serio. Un rumor sordo y subterr&aacute;neo que creci&oacute; r&aacute;pido, un ruido ensordecedor de cosas sin control cayendo, colgando, trizando, rompiendo quebrando gritando ladrando asustando inmovilizada a mi cama mi cama oscura y sola que era tuya, oscura y sola que se llena de vidrios que no s&eacute; por qu&eacute; son rojos raro est&aacute;n rojos y me duelen y tambi&eacute;n los ojos que tratan de ver algo, es raro, hay estrellas en el techo y no l&aacute;mpara y no s&eacute; donde estar&aacute;s ahora que todo se mueve y rompe y deja de doler.</p><p>&nbsp;</p><div ></div>]]></description>
</item>
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<title>Cuatro Laberintos</title>
<link>http://postsurbanos.bligoo.com/content/view/86598/Cuatro_Laberintos.html</link>
<pubDate>Fri, 02 Nov 2007 05:19:19 -0300</pubDate>
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<dc:creator>Roberto Arancibia</dc:creator>
<description><![CDATA[<div></div><p>I<br />La primera vez que vi&oacute; al Minotauro, fue al doblar en una curva. <br />El letrero dec&iacute;a &quot;Resbaloso con lluvia&quot;<br />El Juez no escuch&oacute; sus razones.<br />Y lo suspendi&oacute; por 30 d&iacute;as.<br /><br />II<br />En el laberinto, Teseo estuvo varias veces a punto de encontrar la salida, pero las malas juntas y los peores consejos terminaron por perderlo.<br /><br />III<br />Agradecido de haber usado el hilo de su mujer, Teseo encontr&oacute; la salida casi inmediatamente.<br />El Minotauro llor&oacute; su partida. <br />Volver&aacute;s, pens&oacute;.<br /><br />IV<br />Al reencontrarse Ariadna con su esposo, lo agarr&oacute; de una oreja y se lo llev&oacute; a la casa.<br />Antes, recogi&oacute; el hilo.<br />Nunca se sabe, dijo.</p><p>&nbsp;</p><div></div>]]></description>
</item>
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<title>Oficios</title>
<link>http://postsurbanos.bligoo.com/content/view/86599/Oficios.html</link>
<pubDate>Fri, 02 Nov 2007 04:38:04 -0300</pubDate>
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<dc:creator>Roberto Arancibia</dc:creator>
<description><![CDATA[<div ></div><p>Sentir el aire fr&iacute;o y contaminado de cada ma&ntilde;ana al salir a trabajar. Caminar diez cuadras, todos los d&iacute;as. -Me hace bien, me miento, buenas piernas. Zambullirme en el metro, diez estaciones. Llegar apurada y pint&aacute;ndome, a amarrarme al escritorio. Trabajar con buena cara. D&iacute;a sin novedades. Saber que falta poco. A las seis salgo. Me voy. De vuelta al Metro, a caminar de nuevo, meterme al local, como todos los d&iacute;as. Bailar, tratar de tomar poco, dormir lo que m&aacute;s pueda. Hoy, imposible, una delegaci&oacute;n de japoneses y una despedida de soltero.</p><p>&nbsp;</p><div ></div>]]></description>
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<title>Manual de instrucciones</title>
<link>http://postsurbanos.bligoo.com/content/view/86600/Manual_de_instrucciones.html</link>
<pubDate>Fri, 02 Nov 2007 04:39:45 -0300</pubDate>
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<dc:creator>Roberto Arancibia</dc:creator>
<description><![CDATA[<div ></div><p>Aseg&uacute;rese de leer este manual hasta el final. Aqu&iacute; nadie se hace responsable si algo sale mal.<br /><br />Su coraz&oacute;n, en lo posible, debe estar sano, sin trizaduras. Aseg&uacute;rese especialmente de su potencial lealtad, sin condiciones.<br /><br />Llene sus d&iacute;as con la total presencia de una mujer. Mientras m&aacute;s hermosa e inalcanzable, mejor. Preoc&uacute;pese de ella. M&iacute;mela hasta en los m&aacute;s peque&ntilde;os caprichos. Consi&eacute;ntala, alimente su ego, nutra su vanidad, cumpla sus fantas&iacute;as. No se le vaya a ocurrir contradecirla, o deber&aacute; comenzar todo desde el principio.<br /><br />Una noche, cualquiera, idealmente de luna, deber&aacute; declararle su amor, su devoci&oacute;n, su entrega. Ella, seguramente, har&aacute; o&iacute;dos sordos, se dejar&aacute; querer, sin comprometerse demasiado. Rem&iacute;tase a abrazarla con pasi&oacute;n y besarla dulcemente. Parece extra&ntilde;o, es cierto, pero acost&uacute;mbrese a estas mezclas.<br /><br />Escr&iacute;bale, oc&uacute;pese, investigue sus gustos, adel&aacute;ntese a sus deseos. Improvise, combine otras t&eacute;cnicas, en esto no hay recetas infalibles.<br /><br />Todo esto, sin duda, le traer&aacute; da&ntilde;os colaterales, los efectos a veces son devastadores. Pero, con fuerza y dedicaci&oacute;n, deber&aacute; usted seguir adelante.<br /><br />En un breve per&iacute;odo de tiempo, que var&iacute;a en cada caso, tendr&aacute; usted el coraz&oacute;n roto. Se lo garantizamos.<br /><br />Advertencia final.-<br /><br />En algunos casos, contados con los dedos de una mano, se enamorar&aacute;n perdidamente de usted.<br /><br />Esto significa que ella lee este Manual.<br /><br />Deber&aacute; usted entonces remitirse a cambiar de personaje, dejarse querer, ignorar sus s&uacute;plicas y finalmente desconocerla.<br /><br />Hasta la pr&oacute;xima vez que todo comience nuevamente.</p><p>&nbsp;</p><div ></div>]]></description>
</item>
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<title>Todas reinas</title>
<link>http://postsurbanos.bligoo.com/content/view/86601/Todas_reinas.html</link>
<pubDate>Fri, 02 Nov 2007 10:34:13 -0300</pubDate>
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<dc:creator>Roberto Arancibia</dc:creator>
<description><![CDATA[<div></div><p>Cuando el flaco silb&oacute; supe al tiro que hab&iacute;an l&iacute;os. Fue el silbido largo, ese guardado para los problemas grandes. O eran los pacos o eran los tiras. </p><p>Pero fue peor. Era mi vieja.<br /><br />Fue la primera vez que me pill&oacute;. Lleg&oacute; por detr&aacute;s. Est&aacute;bamos cerca de la cancha grande. El viejo era grande y feo. Ya lo ten&iacute;a listo, con la mano en el marrueco, y &eacute;l, dale con bajarme los calzones.<br /><br />Yo, casi alcanc&eacute; a arrancar, pero el viejo qued&oacute; ah&iacute; mismo, con la cabeza rota, y la sangre oscura que se sec&oacute; hasta que llegaron a buscarlo en la ma&ntilde;ana.<br /><br />Le promet&iacute; a mi mam&aacute; que nunca m&aacute;s, le dije que el viejo era un asqueroso, que me mataba si no le hac&iacute;a caso, le promet&iacute; que no faltar&iacute;a m&aacute;s a clases, tambi&eacute;n le dije que era virgen, pero eso s&iacute; que era verdad. La pura verdad.<br /><br />Igual me peg&oacute;. Me tir&oacute; como veinte cachetadas. Y no llor&eacute;. Termin&oacute; llorando ella. M&iacute;rame, dec&iacute;a, m&iacute;rame cabra huevona, no quiero que te pase lo mismo que a m&iacute;. Y ah&iacute; se qued&oacute;, llorando.<br /><br />Despu&eacute;s me arranqu&eacute;, fuimos con el flaco a ver al viejo. Hab&iacute;an unos perros oli&eacute;ndole la cabeza. Le sacamos los billetes del bolsillo y nos compramos una caja de vino, aunque yo quer&iacute;a dulces. No le cont&eacute; nada de las cachetadas y dej&eacute; que me lo hiciera para pasar la pena. Ah&iacute; s&iacute; que llor&eacute;, porque me dol&iacute;&oacute; m&aacute;s que todas las cachetadas juntas. El flaco se re&iacute;a porque yo no ten&iacute;a pelos y mis tetitas eran chicas. Se cur&oacute; y se qued&oacute; dormido ah&iacute; mismo.<br /><br />Despu&eacute;s me fui para mi casa. Mi mam&aacute; roncaba. Le saqu&eacute; la botella de abajo de la cama, prob&eacute; un trago y le bot&eacute; el resto.<br /><br />Despu&eacute;s sal&iacute;.<br />Pero me fui, al centro, a vender flores.</p><p>&nbsp;</p><div></div>]]></description>
</item>
<item>
<title>Después</title>
<link>http://postsurbanos.bligoo.com/content/view/86602/Despues.html</link>
<pubDate>Fri, 02 Nov 2007 04:41:32 -0300</pubDate>
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<dc:creator>Roberto Arancibia</dc:creator>
<description><![CDATA[<div ></div><p>Cuando terminamos, y como para llenar esos silencios inc&oacute;modos, me pregunt&oacute;:<br />- &iquest;qu&eacute; soy yo para ti?<br />- lo mismo que yo para t&iacute;.<br /><br />No es la mejor respuesta, lo s&eacute;.<br />Pero todav&iacute;a estaba un poco mareado.</p><p>&nbsp;</p><div ></div>]]></description>
</item>
<item>
<title>Tres Microcuentos</title>
<link>http://postsurbanos.bligoo.com/content/view/86603/Tres_Microcuentos.html</link>
<pubDate>Fri, 02 Nov 2007 04:43:47 -0300</pubDate>
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<dc:creator>Roberto Arancibia</dc:creator>
<description><![CDATA[<div></div><p><b>Sue&ntilde;os</b><br />A veces, el Fara&oacute;n so&ntilde;aba entre acertijos. Jos&eacute; interpretaba los mensajes y se ganaba el pan y su confianza. Al sufrir una crisis de insomnio, el Fara&oacute;n decidi&oacute; despedirlo.<br />Al otro d&iacute;a so&ntilde;&oacute; con vacas.<br /><br /><br /><b>Emprendedora</b><br />La paloma de la paz aterriz&oacute; para comer. Por esas cosas del destino la alcanz&oacute; una esquirla perdida. Nada grave, pero bast&oacute; para asustarla. Hoy se dedica a negocios mucho m&aacute;s tranquilos y lucrativos, con sede en Washington DC.<br />Todav&iacute;a cojea un poco.<br /><br /><br /><b>En la corte</b><br />Su Se&ntilde;or&iacute;a, protesto, grit&oacute; el fiscal.<br />Pero al juez le molestaba el portaligas apretado.<br />Recursos de amparo, habeas corpus. Imposible, quer&iacute;a ponerse el otro, el blanco.<br />El caso fue sobrese&iacute;do.</p><p>&nbsp;</p><div></div>]]></description>
</item>
<item>
<title>Las letras</title>
<link>http://postsurbanos.bligoo.com/content/view/86604/Las_letras.html</link>
<pubDate>Fri, 02 Nov 2007 14:14:58 -0300</pubDate>
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<dc:creator>Roberto Arancibia</dc:creator>
<description><![CDATA[<div></div><p>Jugaban sobre el papel, y armaban palabras, frases, historias.<br />Al terminar, dec&iacute;an:<br />&quot;En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme...&quot;<br />A Miguel no le gust&oacute;. Arrug&oacute; los papeles, bot&oacute; todo.<br />Me voy a pasear, dijo.<br />Y se fue, so&ntilde;ando con molinos.</p><p>&nbsp;</p><div></div>]]></description>
</item>
<item>
<title>Paseo</title>
<link>http://postsurbanos.bligoo.com/content/view/86605/Paseo.html</link>
<pubDate>Fri, 02 Nov 2007 04:45:06 -0300</pubDate>
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<dc:creator>Roberto Arancibia</dc:creator>
<description><![CDATA[<div ></div><p>No te acerques mucho al borde. Pero &eacute;l quer&iacute;a mirar, hab&iacute;an llegado hasta la cumbre, desde donde pod&iacute;an ver c&oacute;mo la ciudad se mov&iacute;a, lenta. Lo hab&iacute;an planeado la noche anterior. Te har&aacute; bien, le dec&iacute;a ella, un cambio de aire siempre viene bien, trabajas tanto. Pero &eacute;l no ten&iacute;a ganas de paseos. Deb&iacute;a concentrarse.  Hab&iacute;an pasado varias horas. Seguramente ya hab&iacute;an descubierto todo. Tengo que pensar, dec&iacute;a, debo pensar en algo. Fui un est&uacute;pido, no deber&iacute;a haberlo llamado. Habr&iacute;a sido mejor tratar de olvidarlo. Lo que no puede ser, no ser&aacute; nunca, dec&iacute;a. Pero no sab&iacute;a hacerlo. &iquest;C&oacute;mo podr&iacute;a no verlo? &iquest;C&oacute;mo pod&iacute;a ignorarlo? Todos los d&iacute;as la oficina, el ascensor, la reuni&oacute;n, el tel&eacute;fono por cualquier motivo. Record&oacute; la primera vez, tan extra&ntilde;o, tan diferente. Sorprendido de su propia audacia. Ya hab&iacute;a escuchado algunos comentarios del nuevo, de Pablo, pero esa noche, la de la premiaci&oacute;n, lo mir&oacute;, lo busc&oacute; y lo aisl&oacute;, s&oacute;lo para &eacute;l. Le cont&oacute; historias, le minti&oacute; un poco, lo am&oacute;. Y sigui&oacute; vi&eacute;ndolo entre las sombras. Ni siquiera se preocup&oacute; por los rumores, por ese rayado en el ba&ntilde;o. Ya no pod&iacute;a vivir sin &eacute;l. Hasta que Pablo se aburri&oacute;. Comenz&oacute; a evitarlo, no contestaba los mensajes, no llegaba a almorzar. Tuvo que inventar algo, urgente, terrible, impostergable, para que quisiera quedarse. Se arrodill&oacute;, le rog&oacute;, no me dejes Pablo, le dec&iacute;a, aunque quieras verme menos, pero no me dejes, no me dejes. Ahora s&oacute;lo recordaba la risa, las burlas de ese Pablo desconocido, c&oacute;mo lo imitaba lloriqueando, de rodillas. Jam&aacute;s olvidar&iacute;a su sonrisa cruel, sus ojos burlones, la mueca de su cara, transformada en terror cuando lo mir&oacute; tomar el abrecartas y avanzar a buscarlo. Pablo sinti&oacute; el primer corte de varios, todos para borrar su burla, su sarcasmo, su iron&iacute;a. Despu&eacute;s, la nada, el silencio, el guardia que le abre la puerta y se despide atento, hasta el lunes, s&oacute;lo quedaba usted y don Pablo, que descanse, que le vaya bien. Luego, maneja hasta su casa, demorando las calles. Paula lo esperaba, llena de planes, ma&ntilde;ana nos vamos de paseo, te har&aacute; bien. Est&aacute;s p&aacute;lido, un poco de sol te devolver&aacute; la vida, le dec&iacute;a, ya mirando la ciudad.  Lo &uacute;ltimo que escuch&oacute; fue no te acerques mucho al borde.</p><p>&nbsp;</p><div ></div>]]></description>
</item>
<item>
<title>Vértigo</title>
<link>http://postsurbanos.bligoo.com/content/view/86606/Vertigo.html</link>
<pubDate>Fri, 02 Nov 2007 04:45:57 -0300</pubDate>
<guid isPermaLink="false">http://postsurbanos.bligoo.com/content/view/86606/Vertigo.html</guid>
<dc:creator>Roberto Arancibia</dc:creator>
<description><![CDATA[<div ></div><p>La m&uacute;sica sonaba mal. La cerveza se calentaba. La paciencia tambi&eacute;n. Me sent&iacute;a confuso y un poco mareado. Todo mal. Pensaba en las oportunidades que me hab&iacute;a perdido. En los planes que s&oacute;lo funcionaban en mi cabeza. Las veces que me fui, que trat&eacute; de irme. Todas las veces que siempre me alcanzaste. Las cosas que olvid&eacute;, unos cigarros, un disco, algunas huellas, la pena acumulada, las ma&ntilde;anas eternas, las flores pl&aacute;sticas. <br /><br />Ahora es noche. Siempre es noche. Ya lleg&oacute; la rubia, la alta.  Y hoy mira para todos lados. Me tientan su boca roja, sus ojos oscuros, su extrema palidez. Sus piernas eternas e inquietas. Inquietantes. Su actitud, como lejana, distante, siempre parece no interesarse por nada, ni por nadie, como acostumbrada a noches como esta. Noches duras.<br /><br />Pero hoy, mira para todos lados. Siento v&eacute;rtigo.<br /><br />&iquest;Y si la abordara? Tal vez susurrarle algo en la oreja, algo sucio, directo, sin filtros, meterle la mano bajo el vestido negro, romper un el&aacute;stico, tocarla  y notar que me responde, sentir que se abandona, dejar que se acomode, o&iacute;r como se queja y ronronea, atravesarla en la oscuridad y perderme, o que en realidad le de lo mismo, y ni siquiera se mueva, como t&uacute;, como tantas, otras veces. O acercarme, mirarla directo a los ojos, como te mir&eacute; alguna vez a ti, y llev&aacute;rmela de la mano hacia la noche, para no volver jam&aacute;s, aunque esto es dif&iacute;cil con las mujeres que vienen de vuelta de todo.  Y nada de eso quiero hacer. S&oacute;lo quiero sentarme aqu&iacute; y no pensar en mujeres  fr&iacute;as y cervezas tibias. Trato de recordar otras noches y especialmente otras mujeres. Pero no puedo. No veo otros ojos, otras manos, no veo espaldas, no escucho susurros ni quejidos.  Donde est&aacute;n los placeres infames,  los vicios, las caricias inocentes. No puedo ni recordar otras sensaciones. Y deber&iacute;a poder. Alguna vez tuve lo que llaman &eacute;xito con ellas. Entre las m&aacute;s amigas se contaban mis proezas, mis gracias, mis cartas bajo la manga, los trucos aprendidos. Y me iba bien. En serio. Me gustaban altas, que me abrazaran con sus largas piernas y me tuvieran quieto, preso y feliz. A veces eran bajas, con pechos generosos, para dormirme contento, y tambi&eacute;n para poder llorar tranquilo, m&aacute;s de una vez.  Calladas, buenas para hablar, ardientes, lejanas, indiferentes sin l&iacute;mite y celosas en delirio. Espacios c&oacute;modos y grandes, cuando andaba con plata, lugares de mala muerte cuando escaseaba todo, y rincones oscuros y peque&ntilde;os que me cobijaron, como c&oacute;mplices silenciosos, en esos instantes r&aacute;pidos, furiosos, urgentes, con una mano bajo ella, y la otra afirmando la puerta. Quisiera ver de nuevo sus rostros, sentir en mis manos el olor que me dejaban despu&eacute;s de tocarlas tanto. Pero cuando trato de sentir, de pensar, de evocar un poco m&aacute;s all&aacute;, vuelvo a irme a negro, al vac&iacute;o, a la nada. No puedo recordar. El tiempo no existe, el reloj tampoco. S&oacute;lo hay v&eacute;rtigo. Es como si todo se hubiera congelado, todo, menos la cerveza.<br /><br />Y t&uacute; vienes de negro, vestida de hombre, chaqueta, camisa, corbata, tu largo cabello tomado, sombrero sobre los ojos, y un bast&oacute;n con empu&ntilde;adura de plata que brilla bajo el &uacute;nico farol de la calle. S&eacute; que te demoraste en el ritual de vestirte, s&eacute; c&oacute;mo elegiste cada cosa cuidadosamente. S&eacute; que lo disfrutaste. Fui tu espejo muchas veces. Fui tantas cosas, tantas veces. Y ahora, s&eacute; que vienes por ah&iacute;.  S&eacute; c&oacute;mo caminas tranquila, segura, decidida. Las mujeres te miran, los hombres se hacen a un lado. Sin aviso, sin apuro, como sin querer, como siempre, entras a uno de esos locales que pocos entrar&iacute;an, el humo y el olor eterno a encierro y humedad te reciben.  Y es como si cortaras el aire cuando entras. El silencio, inmenso, se agranda a medida que te abren paso.<br /><br />Me buscas con los ojos, lo s&eacute;,  lo siento, y me encuentras apoyado en esta barra triste que entibia cervezas. Apareces primero en el espejo frente a m&iacute;. No me doy vuelta, s&eacute; que ya llegaste. Tu bast&oacute;n rompe el vaso en mil pedazos. Me da risa el sonido que hace pero no muevo ning&uacute;n m&uacute;sculo. Un trozo de vidrio me ha sacado algo de sangre de una mano. Una gota sale, lenta y roja. Es extra&ntilde;o. Pienso que es oscura. M&aacute;s tibia que la cerveza. <br /><br />No duele. Ya nada duele. <br /><br />Levanto los ojos, ya no est&aacute;s en el reflejo. Est&aacute;s en mi espalda, pegada, como tantas veces antes. Te siento respirar.  Jadeas. No te temo. Tal vez porque no te conozco. Tal vez porque te conozco demasiado. Tal vez porque siempre ha sido igual. Y por eso no te hablo, no te miro. S&eacute; que vas a hablarme. Pero no, una vez m&aacute;s, me sorprendes.  De mi espalda te despegas para abordar a la rubia, a la alta, y la tomas, la besas, la lames, y envidio tu lengua en sus hombros, tus manos en su espalda que bajan recorriendo la tela gastada del vestido negro. La rubia cierra los ojos y te responde. Sus manos toman tu cara, te besa, te busca, te explora. Te muerde sobre la ropa. Y quisiera que fuera mi espalda la que se arquea, que fueran m&iacute;as las caderas que se elevan, y giran, y quisiera ser yo el que te tiene entre las piernas y cambiar los papeles, como tantas veces antes, y sorprenderte con un abrazo tramposo para doblarte los brazos hacia atr&aacute;s e inmovilizarte un rato y  poder besarte tranquilo los pechos que t&uacute; sabes que me gustan tanto. Trato de fijar ese recuerdo, y enfocarlo, pero de nuevo t&uacute;, que sueltas a la rubia, que se queja y reclama entre jadeos, y vienes tras de m&iacute;.  -No me dejes, te dice la rubia. Pero ya no escuchas.  Y al mirarme me suplica, -T&oacute;mame t&uacute;.  Pero ni siquiera la miro. Casi cuando llegas, te detienes, me observas directamente a los ojos y te vas hacia la puerta trasera. Si salgo tras de ti todo volver&aacute; a ser lo mismo. Todo de nuevo. Y ser&aacute; que todo el tiempo en ese bar, se habr&aacute; perdido, in&uacute;til, y aunque lo sienta como es, fugaz e intenso, no volver&eacute; a vivirlo de nuevo.  El v&eacute;rtigo es terrible, implacable, todo en ese bar era mi mundo, era yo, eran los otros, los dem&aacute;s, lo dem&aacute;s, la vida misma, hasta que apareciste, y te mir&eacute;, inm&oacute;vil; te dese&eacute;, delirante y te am&eacute;,  quieto. Ah&iacute; estaba, de nuevo, el recuerdo. Pod&iacute;a sentirlo. Apenas pod&iacute;a respirar. Deseaba tanto ser tu boca y tus manos sobre ella. Yo quer&iacute;a ser tu lengua que buscaba su escote. Aunque en el fondo la rubia me daba lo mismo, yo quer&iacute;a ser ella. Yo era ella. Ella y todo lo que tuviera que ver contigo. <br /><br />-T&oacute;mame t&uacute;, me dijo.  <br />Estoy seguro que me dijo.<br /><br />Pero de nuevo, a negro. No voy. No puedo. No quiero m&aacute;s de esto. No otra vez. Aunque el impulso es el de costumbre. Salto de la silla. Me voy. Salgo a la calle, al callej&oacute;n de siempre, el que lleva a ninguna parte, salvo a ti. <br /><br />Mi herida ya no sangra, hace mucho me sequ&eacute;, me vaci&eacute;, cuando dej&eacute; que me tragaras, que me sorbieras todo. Cuando dej&eacute; de tener alma, mente, vida propia. Cuando decid&iacute; dejarte, -si es que algo as&iacute; existiera en esta vida-, la primera vez, la segunda, la tercera y todas las otras veces, sent&iacute; lo mismo, supe que ya nada hab&iacute;a que hacer, que ya nada era posible, todo eras t&uacute; y nada el resto.  <br /><br />Por lo dem&aacute;s el resto era la nada. Yo mismo, era la nada.<br /><br />Ahora, de nuevo ah&iacute;, todo segu&iacute;a igual, oscuro, denso, lento, amargo, sordo.  Por un instante, y s&oacute;lo por un instante, vi un brillo, una luz, pens&eacute; que me salvaba, que sanaba, que pod&iacute;a, que sent&iacute;a. <br /><br />La luz que esperaba, me llegaba con un brillo. Yo, que fui una sombra, buscaba la llama que quemara todo, casi sent&iacute; una epifan&iacute;a.<br /><br />Pero era tu bast&oacute;n. <br /><br />Y hasta me alegr&eacute;. <br />Cualquier otra cosa me hubiera decepcionado.  <br /><br />Quer&iacute;a creer que esta vez lo hab&iacute;a logrado. Estuve cerca. <br />Y era hermoso. Era terrible. Mi cabeza explotaba. Algo se hab&iacute;a metido ah&iacute;. <br />Y se hab&iacute;a quedado para siempre. <br /><br />Pienso en matarte. <br />S&iacute;, matarte. Ahogarte en pena, en rabia, en cervezas tibias, en vestidos negros. Pintarte la boca. Mirarte un rato, estar seguro, y despu&eacute;s llamar, avisar, no s&eacute; como pas&oacute;, qu&eacute; incre&iacute;ble, qu&eacute; impactante, la encontr&eacute; aqu&iacute; mismo. Mantener esas palabras para siempre.  Y despu&eacute;s llorarte.  Y luego, qui&eacute;n sabe, a la vida, a revivir, a dormir, a ver todo de nuevo con otros ojos. Guardar un par de cosas tuyas para revolcarme tranquilo, para cuando te echara m&aacute;s de menos. <br /><br />S&iacute;, eso har&eacute;. Ma&ntilde;ana mismo lo hago. <br /><br />Y dando vueltas y pensando, sent&iacute; latir mi coraz&oacute;n, sent&iacute; la sangre en mis venas corriendo nuevamente. Por un instante fui feliz.<br /><br />Y por eso, me distraje un poco, s&oacute;lo un poco. Trat&eacute; de reaccionar, aunque ya no, ya nada puede hacerse, ya nada sirve, y s&oacute;lo ahora me doy cuenta, cuando es demasiado tarde, otra vez.  Te miro. Te miro de frente. El contraluz te queda de maravilla. Pasa un siglo, o dos.  Miro tu boca bajo la luz del farol, dos mariposas salen de ah&iacute;, y ciegas, se refugian en la sombra.<br /><br />No siento nada, s&oacute;lo v&eacute;rtigo, la furia h&uacute;meda. La noche inmensa, eterna. B&eacute;same, b&eacute;beme, viola mis sentidos. Y d&eacute;jame sentir la terrible desolaci&oacute;n de esta muralla que, ahogada de promesas, me empuja hacia tu espalda.</p><p>&nbsp;</p><div ></div>]]></description>
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<title>El blog y las vueltas de la vida</title>
<link>http://postsurbanos.bligoo.com/content/view/86607/El_blog_y_las_vueltas_de_la_vida.html</link>
<pubDate>Fri, 02 Nov 2007 04:46:48 -0300</pubDate>
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<dc:creator>Roberto Arancibia</dc:creator>
<description><![CDATA[<div ></div><p>Alguien, una mujer, est&aacute; escribiendo sus primeros posts, sus primeras l&iacute;neas en un blog. Un d&iacute;a, navegando, descubre el blog de alguien, le gusta, lo lee, lo admira, lo revisa todo, comenta con otro nombre, no deja huellas.<br />Se convierte en un h&aacute;bito, cada vez que encuentra un computador lo lee, cada d&iacute;a le gusta m&aacute;s. Es una obsesi&oacute;n. Deja de escribir, solo lee ese blog. No sabe qu&eacute; es, lo necesita, lo extra&ntilde;a, casi siente amor.<br />Un d&iacute;a se sorprende y decepciona: lee que &eacute;l conoci&oacute; a alguien, que est&aacute; interesado en alguien, que es lejana, dif&iacute;cil, inalcanzable. Siente rabia, siente pena, deja de comentar. La desilusi&oacute;n la embarga. Deja de leerlo. Deja la obsesi&oacute;n. Lo borra de sus links. Lo borra de su vida.<br />Vuelve a salir, vuelve a tener tiempo para sus amigas, para decirle s&iacute; a ese que la llama tanto. No est&aacute; mal, piensa. Salen, se conocen, le gusta, se enamora, se aman. Meses despu&eacute;s, en un impulso, casi sin pensar, se conecta y abre el blog, ese blog. S&oacute;lo lee amor, s&oacute;lo ve amor y reconoce su risa en esa foto de ambos en la playa.</p><p>&nbsp;</p><div ></div>]]></description>
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<title>Tres Ficciones Súbitas</title>
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<pubDate>Fri, 02 Nov 2007 04:48:08 -0300</pubDate>
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<dc:creator>Roberto Arancibia</dc:creator>
<description><![CDATA[<div ></div><p><b>La Espera</b><br />Pen&eacute;lope dej&oacute; finalmente los palillos. Era imposible.<br />Ya no volver&iacute;a.<br /><br /><b>Para&iacute;so</b><br />Cuando los ojos de la serpiente lo miraron, no alcanz&oacute; ni a darse cuenta.<br />Apenas trag&oacute; la manzana sinti&oacute; el peso y la fuerza de todos los deseos del mundo y de los hombres.<br />Eva pens&oacute;, me va a doler la cabeza.<br /><br /><b>Medio Oriente</b><br />Termin&oacute; de preparar la mochila. Estaba listo.<br />-No voy a volver- murmur&oacute;, apenas entre dientes.<br />Su mam&aacute; lo abraz&oacute;, te vas con mi bendici&oacute;n, le dijo.<br />Al&aacute; te espera.</p><p>&nbsp;</p><div ></div>]]></description>
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<title>Historias circulares</title>
<link>http://postsurbanos.bligoo.com/content/view/86609/Historias_circulares.html</link>
<pubDate>Fri, 02 Nov 2007 04:48:58 -0300</pubDate>
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<dc:creator>Roberto Arancibia</dc:creator>
<description><![CDATA[<div ></div><p>Hoy, de noche, sin poder dormir, escribo en este blog.<br />Es una historia corta sobre una mujer.<br />Alguien, lejos, y casualmente, lee la historia.<br />M&aacute;s lejos a&uacute;n, la protagonista de la historia, desvelada, recuerda noches mejores.<br /><br />En un par de d&iacute;as, todos habremos olvidado este momento.<br /><br />Pero volver&aacute; a pasar.</p><p>&nbsp;</p><div ></div>]]></description>
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<title>La puerta</title>
<link>http://postsurbanos.bligoo.com/content/view/86610/La_puerta.html</link>
<pubDate>Fri, 02 Nov 2007 04:49:40 -0300</pubDate>
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<dc:creator>Roberto Arancibia</dc:creator>
<description><![CDATA[<div ></div><p>Justo cuando toqu&eacute; el timbre de tu casa me pareci&oacute; verte en la ventana. Apenas abrieras te iba a decir unas cuantas verdades. Ni siquiera te podr&iacute;as defender. Ten&iacute;a testigos. La mam&aacute; te vio ese d&iacute;a con ella. Mi hermana habl&oacute; con medio mundo para estar segura. S&eacute; que vas a tener la misma cara de siempre. No mover&aacute;s un m&uacute;sculo que te delate. Y vendr&aacute; primero la extra&ntilde;eza, luego la rabia por desconfiar de ti, la indiferencia que manejas tan bien, callado y distante.  Luego la sonrisa, la cercan&iacute;a. Y tengo miedo de volver a perdonarte. De volver a creer. De volver a caer. Y lloro. Lloro porque me duele. Lloro porque te da lo mismo. Porque despu&eacute;s vas a abrazarme, a buscarme los ojos, a sacarme una sonrisa, mientras prometes otra vez la misma cosa Y te pido agua. Y voy al ba&ntilde;o, a sonarme, y arreglarme el rimel corrido, y al lado del espejo veo su ropa, y s&eacute; que ella est&aacute; ah&iacute;. Escondida en tu pieza, muerta de miedo, porque sabe que estoy en tu casa, porque sabe que sal&iacute;, que estoy en la calle nuevamente, que me soltaron, y sabe, yo s&eacute; que sabe, por qu&eacute; me agarraron, y aunque no tuve una larga condena, porque fue en defensa propia, sabe que soy yo, la que se baja del bus, la que camina segura hasta tu casa, a tocar el timbre, y que te ve, cuando apareces en la puerta, con los brazos abiertos y la sonrisa de siempre, y me das la bienvenida.</p><p>&nbsp;</p><div ></div>]]></description>
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<title>déjeuner</title>
<link>http://postsurbanos.bligoo.com/content/view/86611/dejeuner.html</link>
<pubDate>Fri, 02 Nov 2007 04:50:29 -0300</pubDate>
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<dc:creator>Roberto Arancibia</dc:creator>
<description><![CDATA[<div ></div><p>Me gusta tu llamada. Tu invitaci&oacute;n. Manejo r&aacute;pido, bajando hacia tu casa, me gusta tratar de adivinar c&oacute;mo vas a estar vestido, con cu&aacute;l camisa, y en c&oacute;mo tendr&aacute;s puesta la mesa, siempre con alg&uacute;n detalle especial. Me encanta ver c&oacute;mo me atiendes, c&oacute;mo te preocupas por hacerme sentir bien. Pienso en ti y no s&eacute; que preparaste para almorzar, tengo hambre, tampoco s&eacute; c&oacute;mo vas a saludarme en tu puerta, pero s&eacute; que me va a gustar verme ah&iacute;, tantas veces pensada ah&iacute;. Y toco el timbre, te demoras un poco en abrir, hasta que apareces con tu gran sonrisa que parece que me abrazara antes que tus brazos. Y me cambias la cartera por una copa de vino y me pides que me siente, que ponga m&uacute;sica, que no haga nada, que tienes todo listo. Aprovecho de mirar todo, las fotos de los ni&ntilde;os, el cuadro de Ang&eacute;lica, veo que pusiste flores en la mesa, como me gusta a m&iacute;. En el equipo veo puesto un disco, es m&iacute;o, lo cambio por otro que llena el espacio con un saxo melanc&oacute;lico. Apareces por detr&aacute;s tom&aacute;ndome de la cintura para llevarme a la mesa. Te veo y te r&iacute;es. Parece que te cortaste el pelo, aunque te ves igual de lindo, la sonrisa de siempre a flor de labios y bueno para hablar. Y el almuerzo est&aacute; rico, y t&uacute; tan atento. La conversaci&oacute;n fluye, parecemos buenos amigos. Y el caf&eacute; en el living y un par de cigarros, tambi&eacute;n el primer beso, y siento que me encanta, y me entrego a tus manos, a mis manos, me r&iacute;o y me callo, me callo en tu abrazo, y trato de sentirte m&iacute;o, todo m&iacute;o, como antes, como siempre. Me desespera un poco que te demores, las vueltas de tus manos en mi espalda, en mi falda, en mi pelo. Abrir los ojos y ver los tuyos cerrados, tu boca que me busca y sentirte tan cerca me arranca un primer suspiro, quejumbroso y sorpresivo. Te sonr&iacute;es, te acomodas, estamos sobre tu alfombra, el caf&eacute; se enfr&iacute;a y yo me quemo, me quemo en tus besos, en tus brazos, y s&eacute; que llega el v&eacute;rtigo. Ese mareo que me empuja hacia ti, sin miedo, porque s&eacute; como est&aacute;s, reconozco tu olor, la presi&oacute;n de tus dedos que me buscan, que me llevan, como antes, hasta llegar aqu&iacute;, a tu casa. Dos cuerpos que se pliegan y se estiran, buscando. Brazos y piernas que se mezclan, tu boca que me muerde, tu boca que me nombra. Y me dejo llevar, porque me llevas a tu cama, a nuestra cama, de nuevo, a este espacio, antes com&uacute;n, donde dos separados tratan de entender las reca&iacute;das.</p><p>&nbsp;</p><div ></div>]]></description>
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